La decisión de la administración Obama de boicotear la Conferencia
contra el Racismo para la Revisión del Durban ha provocado un aluvión
de peticiones, protestas y críticas. Un boicot real de la reunión que
se celebra entre el 20 y el 24 de abril es la primera vez que Estados Unidos
rehúsa participar en una conferencia de Naciones Unidas. Esto ha supuesto
un conmoción para muchas personas que esperaban de la administración
Obama una actitud fundamentalmente diferente respecto a una conferencia sobre
el racismo.
En septiembre de 2001 las delegaciones estadounidense e israelí
abandonaron la histórica Conferencia contra el Racismo, la
Discriminación Racial, la Xenofobia y la Intolerancia relacionada con
ellos organizada por Naciones Unidas en Durban, Sudáfrica.
Tanto Estados Unidos como Israel calificaron de anti-semita todo esfuerzo
por expresar solidaridad con los palestinos como víctimas del racismo y
del colonialismo. La delegación estadounidense se opuso también a una
petición a nivel internacional de reparaciones y de medidas concretas de
acción para el crimen contra la humanidad del comercio de esclavos
trasatlántico y su herencia de siglos de discriminación racial.
¿Qué es lo que está en juego? ¿Por qué la
participación estadounidense en dos conferencias internacionales contra el
racismo han generado estas intensas maniobras políticas por parte de dos
administraciones muy diferentes, las de George W. Bush y de Barack Obama?
En un país construido sobre la esclavitud de personas africanas y el
genocidio de los pueblos originarios la respuesta a estas dos conferencias
internacionales dice mucho de la naturaleza de las instituciones que gobiernan
Estados Unidos, independientemente de quién sea su presidente. No existe
una política ni interna ni externa para hacer frente a las necesidades de
los pueblos o naciones oprimidos.
Logros de la Conferencia de Durban
Más de 10.000 personas procedentes de todos los rincones del mundo
asistieron en 2001 a la Conferencia Mundial contra el Racismo en Durban.
Consistió en tres reuniones paralelas: una reunión diplomática
oficial de las naciones, un foro de la juventud y un enorme y vibrante foro de
ONG. En este último foro la mayor parte de los delegados y participantes
procedían de África o eran de ascendencia africana, además de
muchas otras personas de color. Más de 1.500 comunidades, organizaciones
populares y ONG representaron a las “voces de las
víctimas”.
Muchos miles de sudafricanos, recientemente liberados de décadas de
gobierno racista de apartheid, participaron con entusiasmo en las reuniones y
concentraciones del Foro de ONG.
Este Foro fue un importante catalizador de muchos grupos de todo el mundo
para que se reunieran, construyeran una red y crearan apoyos para trabajar
contra el racismo y la discriminación. También fue una forma de
radical presión de masas sobre los diplomáticos de cada país
implicado en la pequeña conferencia oficial.
La conferencia internacional adoptó por consenso la Declaración y
Programa de Acción de Durban. Para muchas personas este documento,
especialmente el Programa de Acción, es un importante marco para la lucha
contra el racismo y la discriminación racial. Se trataba de un producto
colectivo producto de intensas negociaciones de cientos de organizaciones de
personas de color procedentes de todas partes del mundo.
El primer reconocimiento internacional de la esclavitud y del comercio de
esclavos como un crimen contra la humanidad desencadenó en Estados Unidos
un movimiento a favor de las reparaciones que incluía acciones legales
colectivas contra varias corporaciones que fueron beneficiarias directas del
comercio de esclavos y en 2002 desencadenó también la Marcha por la
Reparaciones sobre Washington, D.C.
La conferencia internacional dio un importante empuje al movimiento para
boicotear, desinvertir y sancionar (BDS) a Israel en solidaridad con Palestina.
La inclusión, junto con las personas africanas, de pueblos originarios,
trabajadores emigrantes, gitanos y otras minorías nacionales,
étnicas, religiosas y lingüísticas además aquellos
afectados por la discriminación de género fue un paso concreto para
construir la solidaridad internacional entre los oprimidos.
La clase dirigente estadounidense y sus medios de comunicación
entendieron la enorme amenaza para su poder, imagen y dominio a escala global
que intrínsecamente representaba esta reunión unitaria.
A pesar de que Estados Unidos e Israel abandonaran la conferencia de 2001,
se crearon muchas expectativas de que el Programa de Acción proporcionara
pasos concretos que pudieran dar los Estados miembro y las organizaciones
internacionales para acabar con siglos de racismo y de discriminación
racial. Sin embargo, tres días después de que acabara esta militante
reunión internacional se produjo el ataque del 11 de septiembre al World
Trade Center y un profundo cambio en el clima internacional.
Problemas de la reunión de Ginebra
De 20 al 24 de abril Naciones Unidas albergaró la Conferencia para la
Revisión de Durban en Ginebra, Suiza, como una continuación de la
Conferencia Mundial contra el Racismo de 2001. El Consejo de Derechos Humanos
de Naciones Unidas fue el responsable de organizar y convocar el evento
“hacia la implementación eficaz y total” de las conclusiones y
recomendaciones de la Conferencia Mundial contra el Racismo y de continuar la
“campaña global para la eliminación total del
racismo”.
Sobre el papel suena perfecto. Pero, ¿por qué no se celebra en
Durban o en cualquier lugar de África esta Conferencia contra el Racismo
para la Revisión de Durban? ¿Por qué se celebra en Ginebra,
Suiza, una de las ciudades más caras del mundo?
Viajar a Ginebra es fácil y relativamente poco caro, especialmente para
los delegados procedentes de Europa y Estados Unidos. Y los delegados
estadounidenses y europeos no se enfrentan en absoluto con necesidad alguna de
visado. Sin embargo, no sólo es prohibitivamente caro para los delegados
de países de África, Asia, el Caribe y América Latina, sino que
además las restricciones de visado de Suiza les hacen mucho más
difícil asistir.
Muchas organizaciones anti-racistas han solicitado y hecho campaña para
expresar su preocupación porque el Secretariado de la Conferencia de NNUU
no haya proporcionado más información e invitaciones a las ONG para
participar en las reuniones de Comité Preparatorio y en la propia
Conferencia.
Muchos grupos a nivel internacional han preguntado por qué no hay un
Foro de ONG que acompañe a esta Conferencia, como hubo en Durban y como ha
habido durante décadas en cada Conferencia de NNUU, por qué no se han
habilitado espacios para reuniones masivas ni hay facilidades de alojamiento,
por qué sólo hay un espacio y tiempo limitados para unas pocas
reuniones paralelas, por qué no se han distribuido los fondos asignados
entre los muchos delegados, especialmente de África y de la diáspora
africana, que estaban deseando asistir. Las ONG africanas solicitaron hace
meses información, fondos y accesibilidad.
Importantes fundaciones que proporcionaron fondos para que los activistas
comunitarios asistieran a la Conferencia de 2001, como la Fundación Ford y
muchas Fundaciones de la Unión europea, han recortado los fondos para la
Conferencia para la Revisión de Durban.
Sólo han podido participar en Ginebra las ONG acreditadas por el ECOSOC
(el Departamento de NNUU para Asuntos Económicos y Sociales), las ONG
previamente acreditadas y aquellas que sabían cómo solicitar
acreditaciones específicas.
En los ocho años transcurridos desde la Conferencia de Durban ha habido
una implacable campaña para calumniar, desacreditar y distorsionar la
Conferencia Mundial contra el Racismo, para vaciar de contenido toda
provisión que requiriera una acción concreta, para echar abajo el
documento colectivo aprobado con tanto entusiasmo y, especialmente, para
limitar la participación de aquellos que podían asistir a la
Conferencia de seguimiento. Todo esto se ha hecho entre bambalinas,
basándose en una intensa presión de Estados Unidos en connivencia con
aquellas potencias europeas que durante siglos se han beneficiado del racismo y
del colonialismo.
Casi cada página del Programa de Acción aprobado por una
mayoría abrumadora en Durban es una amenaza y un reto para la
política estadounidense y de sus instituciones. El Programa de Acción
no es un documento revolucionario, pero Estados Unidos viola casi cada
provisión y encontraría totalmente inaceptables los remedios
propuestos contra el racismo, desde el alivio de la deuda hasta la
transferencia de tecnología, los derechos de los emigrantes y el poner fin
al tráfico humano.
La exigencia de Durban de respeto y de un mayor papel de las organizaciones
internacionales en la protección de los derechos laborales y de la mujer,
especialmente de las más oprimidas, es una amenaza para el proceso mismo
de la globalización corporativa.
La petición de Durban a todas las naciones de que aprueben tratados y
convenciones internacionales progresistas llama la atención sobre los
numerosos tratados que los gobiernos estadounidenses se han negado a firmar
durante décadas, como las convenciones sobre los derechos laborales,
derechos de los emigrantes, derechos de las mujeres, derechos de los
niños, sobre el genocidio internacional y muchos otros acuerdos
internacionales que las potencias corporativas estadounidenses ignoran y violan
a diario.
El único derecho que las instituciones estadounidenses promueven, en
nombre de la libertad, es el derecho de las corporaciones privadas a saquear
libremente el planeta.
Igual que durante décadas Israel ha sido el principal defensor de la
política estadounidense en Oriente Medio, siempre deseoso de hacer el
trabajo sucio de los militares, una vez más las fuerzas sionistas han dado
un paso más para desempeñar el papel atacante. De hecho, la mayor
parte de los ataques políticos de los últimos ocho años contra
la Conferencia de Durban los han llevado a cabo organizaciones sionistas.
Desde 2001 Estados Unidos se ha negado a participar en cualquiera de las
reuniones preparatorias y ha utilizado sus amenazas de no participar para
exigir y obtener cientos de cambios.
Ahora el documento de 47 páginas de Durban ha sido censurado y editado
con menos de una tercera parte de sus dimensiones originales. Washington ha
exigido como condición para participar que se abandonara totalmente el
Programa de Acción de Durban, que se suprimiera toda mención a las
reparaciones, además de la mención de Israel y sus prácticas de
apartheid.
Tras imponer un documento que ahora está completamente desvirtuado, el
gobierno estadounidense sigue dando largas a la cuestión de su
participación. Estos actos conscientes de sabotaje han animando a otros
países a retirarse también. Canadá ha anunciado diligentemente
que no participará, y Gran Bretaña y Francia siguen amenazando con
retirarse a menos que la agenda se limite y censure aún más.
Los grupos anti-racistas apoyan los documentos de
Durban
Varias organizaciones anti-racistas han seguido luchando para apoyar la
Declaración y Programa de Acción de Durban.
En 14 de abril en Ginebra un grupo de ONG emitió un comunicado apoyando
y reafirmando las innovadoras posturas a las que se llegó en Durban sobre
temas como el comercio de esclavos, la esclavitud, la pobreza y
discriminación, las reparaciones, la ocupación extranjera, Palestina,
los emigrantes y sobre la islamofobia y la intolerancia religiosa.
Aunque no a la escala del masivo Foro de ONG de Durban, varias ONG
progresistas están planificando reuniones y eventos durante las reuniones
de diplomáticos de la mayoría de los países del mundo.
La amenazas, el boicot y las presiones para vaciar de contenido todos los
logros de la Conferencia de Durban demuestran de la manera más
gráfica posible que a pesar del logro de la elección de un hombre
negro como presidente de Estados Unidos, las instituciones de poder corporativo
del imperialismo estadounidense siguen oponiéndose a cualquier intento de
hacer cambios fundamentales en el carácter racista de la sociedad
estadounidense.
En la página web del International Action Center, www.IACenter.org se pueden leer la
Declaración de las ONG reafirmando Durban, los actos en Ginebra, enlaces
con la Declaración y el Programa de Acción de la Conferencia Mundial
de Durban.
Monica Moorehead es editora y co-autora de Marxism, Reparations and the
Black Freedom Struggle, que se puede pedir en www.leftbooks.com.
También es coordinadora del proyecto contra la pena de muerte Millones
para Mumia. Sara Flounders es co-directora del IAC y representante de la
Universidad de Nueva York en Nord Sud XXI, una ONG basada en Ginebra.